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Adolf Hitler y sus citas célebres


Adolf Hitler es un personaje en torno al cual existe mucha controversia y que cuenta tanto con numerosos detractores como con un buen número de admiradores. Sea cual sea la opinión que te hayas formado acerca de él, es imposible negar que de alguna u otra manera, su influencia histórica es una de las más importantes. Esta vez nos dedicaremos a indagar un poco dentro de su historia, así como a revisar cuales han sido sus citas más famosas. Si sientes algo de curiosidad por conocer el porque de la manera de pensar de este líder político, quédate con nosotros para leer a continuación.

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Historia de Adolf Hitler

Primeros años

Adolf Hitler nació en Austria en una aldea de Linz, de nombre Braunau am Inn. Su país se encontraba muy cercano a la frontera con Alemania y en aquel entonces, formaba parte del Imperio Austrohúngaro. Sus padres pertenecían a la clase media. Su padre, Alois Hitler, trabajaba como agente de aduanas mientras que su madre, Klara Pölzl, era en la realidad su tercera esposa. Tuvieron cinco hijos siendo Adolf el tercero y solo él, junto con su hermana Paula, pudieron convertirse en adultos.

Durante su infancia, Adolf tuvo que mudarse varias veces junto a su familia. Demostró ser un buen estudiante durante su educación primaria, pero en su sexto grado tuvo que repetir el curso. Él mismo ha explicado su bajo desempeño como una manera de llevarle la contraria a su padre, quien pretendía que como él, se dedicara al trabajo de aduana. No obstante, el joven Hitler tenía deseos de ser pintor. Él llevaba una relación bastante tensa con su progenitor, de quien había recibido numerosos maltratos de niño. Esto le hizo tomar la decisión de no llorar de nuevo cuando lo golpeara y fortaleció de manera inesperada su carácter.

Adolescencia

Tras morir Alois en 1903, Adolf abandonó la escuela secundaria convencido más que nunca de que quería convertirse en pintor o tal vez en arquitecto. Era también un lector ávido, siendo sus textos favoritos los que tenían que ver con la mitología y la historia alemanas. Esto le llevó a convertirse en un nacionalista pangermano, quien estaba en contra de las ideas del Imperio Austrohúngaro.

Cuando cumplió diecisiete años pudo viajar a Viena, donde su postuló para entrar a la Academia de Bellas Artes, lugar en el que fue rechazado por dos años consecutivos. Antes de volver a Linz para estar con su madre y dedicarse a trabajos diversos, permaneció por un tiempo más en la capital austriaca. Se cree que fue durante este período en el que comenzó a formarse sus ideas antisemitas, aunque un amigo cercano a él, August Kubisek, ha declarado que Hitler ya era un ferviente antisemita desde que vivía en Linz.

Poco tiempo después, su madre moría a consecuencia del cáncer de mama.

Hitler decide ir a Múnich, atraído de sobremanera por la cultura y la prosperidad del Imperio Alemán. Además de esto, él mismo declararía más tarde que había decidido irse de Austria porque le desagradaba la mezcla de razas existente allí.

Primera Guerra Mundial

Con la llegada de la guerra, el joven Hitler encontró una oportunidad para cambiar el rumbo que estaba llevando su vida. Tuvo a bien enlistarse de manera voluntaria en el ejército alemán, desempeñándose como un soldado valioso y tenido en muy buena estima por sus superiores. Sus compañeros sin embargo, no pensaban lo mismo de él. Muchos estaban hartos de la guerra y veían su entusiasmo por servir a la misma, cuando la mayoría de los soldados tan solo querían marcharse del frente.

A pesar de que Adolf nunca hizo el intento por dejar de servir al ejército, tuvo que abandonarlo a causa de una herida en la pierna para recuperarse en un hospital de Berlín. A partir de entonces, comenzaría a mostrarse negativo sobre los resultados de la guerra, culpando a los judíos y a las personas con ideas marxistas de aquello.

Al finalizar las batallas, Alemania fue sancionada por medio del Tratado de Versalles y obligada a cumplir con una compensación económica debido a las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Esta situación fue ciertamente considerada como humillante para muchos alemanes y tendría una clara influencia, en la manera de pensar que Hitler impondría después.

Ascenso al poder

Al final de la guerra, Adolf estaría más interesado que nunca en entrar a la política. Sus ideas antisemitas y nacionalistas se habían reforzado, haciéndole desear el ayudar a Alemania a resurgir y recuperarse de la crisis económica a la que se estaba enfrentando.

Le llevaría tiempo poder hacerse de contactos para llegar a difundir sus ideas y constituir el Partido Nacional Socialista, del que gran parte de la población alemana llegó a hacerse simpatizante. Tuvo a bien escribir “Mein Kampf”, (traducido como “Mi lucha” al español) para exponer gran parte de su pensamiento político y dejar en claro su antisemitismo, el cual excusaba bajo la razón de culpar a los judíos por los apuros económicos del país.

El 30 de enero de 1933, Hitler logró ser nombrado Canciller de Alemania, un puesto importante que sería fundamental en su ascenso para establecer la dictadura nazi. En ese período de tiempo, había comenzado a pulir su manera de hablar en público y era capaz de dar discursos que entusiasmaban a las masas.

Sus ideas antisemitas comenzaron a tener aceptación por el pueblo alemán.

Habiendo conseguido el poder político que necesitaba y surgiendo como la figura que salvaría a Alemania de la crisis económica, y que establecería al país como una potencia única, fue que empezó a involucrarse en todo tipo de obras para el bienestar de los alemanes, tales como la construcción de ferrocarriles y autopistas, la instauración del Seguro Social y la educación de calidad para los niños. Las políticas contra los judíos también se hicieron patentes. Y en 1939 estallaba la Segunda Guerra Mundial.

Muerte

Aunque al inicio de la guerra Alemania tuvo varios éxitos y logró expandirse por territorio considerable, rumbo a 1945 las cosas fueron a favor de los Aliados. Estados Unidos e Inglaterra sobretodo, persistían en derrotar a los alemanes y su avance había conseguido liberar sitios ocupados.

Viendo el final de la guerra y la partida de prácticamente, todas las personas pertenecientes a su círculo cercano, Hitler se encerró en el búnker de la cancillería junto a Eva Braun, compañero sentimental con quien había contraído matrimonio el día anterior. Ambos se suicidaron dentro del lugar, recurriendo a métodos distintos. Él fue encontrado muerto de un disparo en la sien, mientras que de ella se sabe que falleció a causa de envenenamiento con arsénico.

Antes de su muerte, Hitler dejó instrucciones precisas acerca de como debían incinerar sus cuerpos, con el fin de evitar que pudieras ser expuestos como trofeos de guerra.

Citas célebres de Adolf Hitler

  1. Lucho por lo que amo, amo lo que respeto, y a lo sumo respeto lo que conozco.
  2. Cuando se inicia y desencadena una guerra lo que importa no es tener la razón, sino conseguir la victoria.
  3. Soy un nacionalista, pero no soy un patriota.
  4. Es indudable que los judíos son una raza pero no son humanos.
  5. La obediencia pasiva y la fe infantil constituyen el peor de los males que es posible imaginar.
  6. ¡Dios sabe que yo quise la paz!
  7. El nacionalsocialismo no es ninguna doctrina de inactividad; es una doctrina de lucha. No es una doctrina de goce, sino una doctrina de esfuerzo y de lucha.
  8. Mañana muchos maldecirán mi nombre.
  9. Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña.
  10. Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad.
  11. Un gran teórico resulta rara vez un gran caudillo.
  12. Podemos estar felices de saber que el futuro nos pertenece completamente.
  13. Quien renuncia a luchar en un mundo cuya ley es una lucha constante, no merece vivir.
  14. Las revoluciones profundas, de largo curso y huella duradera; no las hacen escritores, sino oradores.
  15. Con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos.
  16. La mezcla de la sangre y el menoscabo del nivel racial que le es inherente constituyen la única y exclusiva razón del hundimiento de antiguas civilizaciones. No es la pérdida de una guerra lo que arruina a la humanidad, sino la pérdida de la capacidad de resistencia, que pertenece a la pureza de la sangre solamente.
  17. La Naturaleza no conoce fronteras políticas: sitúa nuevos seres sobre el globo terrestre y contempla el libre juego de las fuerzas que obran sobre ellos. Al que entonces se sobrepone por su esfuerzo y carácter, le concede el supremo derecho a la existencia.
  18. Conmigo se va la última esperanza del mundo, las democracias occidentales son decadentes, el comunismo, con gobiernos más autoritarios, a la larga, acabará conquistando el mundo.
  19. Yo sé que los partidarios conquistados por medio de la palabra escrita son menos que los conquistados merced a la palabra hablada y que el triunfo de todos los grandes movimientos habidos en el mundo ha sido obra de grandes oradores y no de grandes escritores


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